Guadalajara, 15 de noviembre.- Con una herencia culinaria que mezcla tradición prehispánica y aportes coloniales, Guadalajara se suma este fin de semana al Día Nacional de la Gastronomía Mexicana, una celebración que reconoce la riqueza culinaria del país desde su inscripción como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010.
La Perla Tapatía invita a visitantes y locales a recorrer su cocina típica, una expresión que define identidad, historia y carácter regional. La recomendación para quienes llegan por primera vez es acercarse a los platillos más representativos, aquellos que han marcado generaciones y continúan como referentes obligados.
Entre ellos destaca la torta ahogada, quizá el símbolo culinario más conocido de la ciudad: un bolillo salado relleno de carnitas y bañado en salsa de jitomate o chile de árbol. En el Centro y sus alrededores abundan los locales tradicionales, aunque las “Tortas Ahogadas José El de la Bicicleta” siguen siendo un punto de referencia por su preparación clásica y su servicio en bolsa de plástico.
Otro de los indispensables es la carne en su jugo, elaborada con carne picada cocida en su propio caldo y acompañada de tocino crujiente, cebolla y cilantro. “Karne Garibaldi” es una parada recurrente entre viajeros y habitantes, reconocido incluso con un récord Guinness por su servicio de 13.5 segundos.
La ruta gastronómica sigue con la birria de chivo tatemada, un plato emblemático que encuentra en la “Birriería Las 9 Esquinas” uno de sus espacios más tradicionales. En este mismo corredor histórico se disfruta también de la atmósfera de la plaza que da nombre al establecimiento.
Los clásicos de fin de semana también tienen su lugar con los tacos de barbacoa, preparados con carne de res o chivo cocida lentamente y servidos con consomé. A ellos se suman las tostadas raspadas, originarias de los Altos de Jalisco, de textura más gruesa y tamaño mayor al habitual; las versiones con cueritos encurtidos son de las más buscadas.
Otro favorito de la gastronomía local son los lonches bañados, una tradición que persiste en sitios como “Lonches Gemma”, donde se conserva la receta original desde hace décadas. Preparados en birote, se rellenan de pierna o jamón y se bañan en salsa ligera de jitomate.
Las enchiladas tapatías también figuran entre las preparaciones recomendadas. Se distinguen por servirse con papa y por sus tortillas rellenas de pollo bañadas en salsa roja, un plato que se encuentra fácilmente tanto en Tlaquepaque como en el centro histórico.
Para los amantes del postre, las jericallas representan una parte esencial de la dulcería local. Su origen en el antiguo Hospicio Cabañas y su característica capa dorada las mantienen como una delicia tradicional para cualquier visitante.
Para refrescar la tarde, el tejuino es una bebida que preserva una fuerte raíz prehispánica.
Preparado con maíz fermentado y piloncillo, se sirve con hielo, sal y limón. Es común encontrarlo en Tonalá, donde forma parte del recorrido cultural del pueblo.
Finalmente, los picones, pan dulce con cobertura escarchada en tonos rojos o amarillos, completan el panorama gastronómico. Su forma cónica y su mezcla de consistencias han convertido a este pan en uno de los favoritos de la repostería local.
Con esta celebración, Guadalajara reafirma la importancia de su cocina como un elemento central de su identidad cultural y una invitación permanente al turismo gastronómico.





